Productor venezolano sembró lechosa en tierras de Santander para exportar a Alemania

Ser agricultor en Venezuela y trascender las fronteras con la misma pasión por el campo, hoy más que nunca es un acto de heroísmo.


Milagros Palomares
Una hilera de plantas cargadas con papayas alargadas, robustas y verdes dibujan el futuro del productor merideño Júnior Ocando.
La dura crisis económica de Venezuela, aunado a la inseguridad en el campo, y la escasez de insumos agrícolas no amilanaron las esperanzas de Ocando, quien hace un año decidió emprender el reto de seguir sembrando lechosa, esta vez en tierras colombianas.

La cosecha, próxima a recolectarse, se comercializará en los mercados de Cúcuta y Bucaramanga. Ya tiene los contactos para distribuir en Bogotá, Medellín, y gestiona con empresarios colombianos para exportar la apetecible fruta hacia Alemania y Japón.

Este ingeniero agrónomo, de 27 años, migró sus conocimientos con el cultivo de lechosa que desde hace seis años maneja en su finca de Santa Elena de Arenales, en Mérida; a un terreno arrendado en Cúcuta, ubicado en el Norte de Santander.

“Hubo muchos factores que nos indicaron que teníamos que ampliar nuestros horizontes para seguir cultivando. Para nadie es un secreto que Venezuela está atravesando por una fuerte crisis económica, política y social, y desde muchos ámbitos estamos afectados los productores”.

“En el caso de nosotros que estamos cerca de la frontera con Colombia vimos el éxodo de mucho personal calificado, mano de obra que fue entrenada por nosotros, entonces decidimos volver a trabajar con ese recurso humano tan importante que migró a Colombia por la crisis de Venezuela”, contó a Vida Agro este agroemprendedor.

“Además, la lechosa demanda muchos insumos agrícolas que en Venezuela son imposibles de conseguir, y que son indispensables para la nutrición de la planta, el manejo de plagas y enfermedades. Actualmente en Venezuela no hay la semilla Pasión Red, que hasta el año pasado, usamos para sembrar en Mérida. Allá solo nos quedan cuatro hectáreas sembradas, de las 35 que teníamos inicialmente”, agrega Ocando tras recalcar que expandirse a nuevos horizontes persigue el objetivo de volverse más productivos en una moneda más fuerte.

“No ha sido fácil, el solo hecho de tener que transformar el capital de bolívares a pesos colombianos es una tarea titánica. Es muy fuerte, los días fuera de casa, los largos viajes desde Mérida hasta Santander (8 horas en vehículo particular)”, acota.

El fruticultor venezolano expresó que está muy agradecido con los técnicos que lo han ayudado en Colombia, “el ingeniero Marcos Hernández y el licenciado Carlos Higuera, que son nuestros socios y nos han tendido la mano”.

El Norte de Santander tiene unas condiciones climáticas muy distintas a la zona templada del Pie de Monte Andino, en Mérida. En Cúcuta, el suelo es arenoso y ocurren cambios bruscos de temperatura que afectan la floración de la lechosa. Aún así, las plantas cultivadas por Ocando lucen sanas y repletas de papayas, que al abrirlas resaltan por su atractivo color rojo naranja y su dulce sabor.

“Esta experiencia ha sido muy retadora, nos ha dejado muchas enseñanzas. Tenemos los insumos agrícolas a la mano y eso nos quita un gran peso de encima. Una de las bondades que tiene el Norte de Santander es que tenemos todo a la mano, la economía es estable, hay mano de obra comprometida, y eso nos dio más motivación a la hora de enfrentar este reto”.

Ser agricultor en Venezuela y trascender las fronteras con la misma pasión por el campo, hoy más que nunca es un acto de heroísmo.
“Nos han quitado muchas cosas, los insumos, la seguridad, pero lo que jamás podrán quitarnos a los productores venezolanos es nuestra integridad moral para seguir produciendo. No podemos permitir que nos quiten la fuerza espiritual para seguir en el campo, tenemos que llenarnos de mucha fuerza para seguir adelante”, alentó el productor Júnior Ocando.
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