OPINIÓN | Si perdemos el maíz, nos habremos desdibujado como país, por Werner Gutiérrez Ferrer

Venezuela es en esencia un país productor y consumidor de maíz. La tradicional arepa, elaborada a partir de la harina de maíz blanco, es considerada nuestra expresión culinaria más autóctona y base fundamental de la alimentación del venezolano.

Werner Gutiérrez Ferrer

El maíz es para nuestra economía agrícola desde los años 70, lo que represento el café para la Venezuela del siglo XIX e inicios del siglo XX. Desde la década de los años 90, este cereal ocupaba el 33.0 % de la superficie de cultivos en el país, representando el 25 % del valor de la producción agrícola vegetal y el 11% de la producción agrícola total.

Fue una época dorada para la agricultura venezolana, presenciábamos una sana competencia entre empresas nacionales e internacionales, junto al personal de universidades y centros de investigación, por incorporar los últimos adelantos tecnológicos en este cultivo. De haber continuado la tendencia registrada en el crecimiento entre 1984 – 2005, para el año 2011 ya hubiésemos superado el 1.0 millón de hectáreas en nuestros campos, permitiéndonos no solo el autoabastecimiento de maíz blanco que habíamos logrado desde 1998, sino también de maíz amarillo.

Al comparar la producción nacional anual promedio en el trienio 1996 – 98 con respecto al 2006 – 08 observamos que el país tuvo un crecimiento del 141.0 %, pasando de 1.2 a 2.9 millones de toneladas anuales. Este crecimiento es muy superior al registrado por otros países que figuraban entre las principales naciones productoras para el mismo período tales como China (28.5 %), USA (26.5 %), Brasil (63.4 %) y México (28.8 %). Mostramos igualmente con orgullo, para ese mismo periodo, un incremento en el rendimiento del grano por unidad de superficie del 22.0 %, muy por encima del incremento promedio mundial de 16.0 %.

Entre el 2004 y 2010, pese al crecimiento demográfico, la producción nacional de maíz sostuvo un consumo aparente per cápita anual de 40.5 kilogramos. Para el 2010 el venezolano consumía 37.0 Kg de harina precocida de maíz por año, representando su primera fuente de calorías (14,5% de las calorías totales) y la segunda fuente de proteínas (10,4%).

Debido a las políticas impuestas por los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, desde el 2008 comienza a decaer la superficie sembrada, registrándose una caída en la producción interna al cierre del presente año sobre el 68.0 %, con respecto a las 2.9 millones de toneladas cosechadas en ese año. Nos han convertido intencionalmente, nuevamente en un país dependiente del mercado externo, al punto que hoy el 75 % del consumo nacional de maíz blanco, debe ser importado.

Como reza el refrán popular, se nos ha puesto cuadrada la arepa. Desde el 2013 la harina precocida de maíz desapareció de abastos y supermercados, con un índice de escasez del 80 %. Se estima que al cierre del 2017, el consumo per cápita anual descendió a 15,5 kilogramos.

Al cierre del mes de noviembre, los maiceros venezolanos ya finalizada la cosecha de lo poco sembrado, que se estima no haya superado las 250.000 hectáreas, reciben del Ministro del poder popular para la agricultura productiva y tierras, Wilmar Castro Soteldo, una trágica noticia, el “precio acordado” para el maíz blanco y amarillo húmedo fue fijado en 16 BsS el kilogramo.

En consideración de FEDEAGRO, organización que ha rechazado de manera pública y reiterativa, el continuar con la política de “precios impuestos” a sus cosechas, este monto representa el 33.3 % del ingreso requerido por los agricultores, siendo el precio solicitado para este momento 48 BsS para garantizar una “ganancia mínima al productor”.

Paralelamente el gobierno anuncia el “precio acordado” con los agroindustriales de 151 BsS para el kilogramo de harina precocida de maíz. Contradictoriamente el precio impuesto a los agricultores de 16 BsS solo constituye el 10.5 % del precio de la harina, cuando históricamente, siempre había representado alrededor del 40 %, lo cual denota el menosprecio que sienten hacia nuestros maiceros.

Con la hipocresía que los caracteriza, llevarán a la ruina al agricultor venezolano, pagándole por la tonelada de maíz un precio irrisorio equivalente a 28 dólares, mientras compran el maíz importado sobre los 150 dólares.

Esta medida podría convertirse en la estocada final al sistema maicero venezolano que cumple ya una década en caída sostenida.

El Chavismo – Madurismo tiene entre su trágico legado el haber desaparecido 200 años de historia de Venezuela como exportador de café. Hoy, parece sellar similar destino al maíz y la arepa venezolana. Cabe preguntarnos, ¿se lo permitiremos también?

Somos maíz, somos arepa, somos Venezuela. Este nutritivo cereal es parte indisoluble de nuestra cultura e idiosincrasia desde nuestros aborígenes. No podemos como sociedad ser indiferentes ante la quiebra de nuestro sector agrícola que tantas satisfacciones nos trajo en el pasado reciente, siendo capaz de alimentar a diversas generaciones de venezolanos, y haber sembrado la riqueza generada, en nuestros pueblos y caseríos, impulsando el desarrollo de la ruralidad venezolana.

Ing. Agr. M. Sc. Ex Decano de la Facultad de Agronomía de LUZ
@WernerGutierrez

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