OPINIÓN | Se avizoran más períodos de ansiedad y hambre para todos, por Andrew Torres

En la Constitución Nacional está muy bien escrito lo relativo a la seguridad alimentaria, el desarrollo rural y la protección de empresas (Artículos 305 al 309) a los fines de velar por la soberanía alimentaria y los intereses nacionales. No obstante, a juzgar por los resultados repetitivos año tras año y los padecimientos que vivimos los venezolanos, los hechos distan de lo escrito.

Andrew Torres*

Entre los años 2011-15, el déficit alimentario se hizo presente con fuerza al punto que se tuvo que gastar para importar en promedio 7.500 millones de US$ en alimentos para paliar la insuficiencia. En 2016, no se pudo paliar la brecha con importaciones porque el déficit de moneda extranjera fue alarmante, en el presente año 2017 ese drama se ha acentuado y se estima cubrir con producción nacional solo un 20 % de las necesidades y para esto se requerirían cubrir con importaciones unos 14.000 millones de US$ imposibles. Según Ecoanalítica la actividad agropecuaria cayó -9,76 % entre 2012 y 2016, además, en consecuencia la industria agroalimentaria sufre esta debacle y solo de 1998-2014 su contribución per cápita retrocedió -0,3 % (A. Gutiérrez, 2016).

Repasemos el caso del maíz (blanco y amarillo) del presente período de invierno, ya estamos a solo una semana para culminar el sub-período en el cual bajo condiciones de secano y sin mayores embates es técnica y económicamente viable su producción en la mayoría de zonas maiceras del país, pues bien solo se ha sembrado unas 184.000 hectáreas (35%) de las 529.000 hectáreas que se proyectaban según la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios (Fedeagro) de Venezuela y sabemos que dicha superficie sembrada disminuye sensiblemente al momento de ser superficie cosechada.

Recordemos que en el año 2008 se alcanzó cosechar unas 783.000 hectáreas de maíz y como entender que el pasado año 2016 se cosecharon apenas 430.000 hectáreas (W. Gutiérrez, 2017) siendo esto una caída del 45 % entre ambos años. Solo en Portuguesa, históricamente el estado líder en siembra maicera, la siembra ha caído a la mitad de la última década.

Ahora bien, esto no es casual y ya las cifras lo vienen alertando, en principio no ha funcionado la tripartita Productores – Industria – Gobierno para el acuerdo de los precios en el circuito, el Gobierno se ha convertido desde hace varios años por decreto en el monopolizador de la compra del maíz blanco y en igual condición establece el precio al productor con un pago que usualmente se prolonga por más de un semestre y a la industria procesadora a quien le “dosifica” el suministro del cereal sometiéndola a prolongados tiempos de ocio sin maíz para moler y también le fija el Precio de la harina que produce.

Esto como todo monopolio ha traído retrocesos, en este caso económico a los otros 2 actores de la tripartita con el desincentivo correspondiente en la siembra. ¿Cómo entender que se expendían hasta hace una semana harinas de la marca PAN (empresa privada) a Bs. 560 mientras las fabricadas por las de orden gubernamental oscilan entre Bs. 800 y 2.400? en esto hay competencia desleal y forzamiento al rezago económico de la empresa privada amenazando su sostenibilidad económica.

Además, la oferta de los agroinsumos también ha sido dictada en gran parte por el Gobierno por medio de Agropatria y Pequiven, las cuales monopolizan la oferta de agroquímicos, y para su adquisición para aplicación oportuna se convierte en una “tenaza al cuello con espada de Damocles” por amenaza a la producción con rendimiento aceptable al productor para su sostenibilidad.

En lo concerniente a las semillas de este cariópside, las fábricas nacionales que aunque no abastecen las necesidades están dotando con las dificultades que anteponen los Productores por el riesgo de no adquirir los agroquímicos y aún manejan gran inventario, pues resulta, que desde instancias gubernamentales se importaron unos 580.000 sacos de semillas (Castro Soteldo, 05/2017) y aparentemente esto saturaría el mercado en desgracia para dichas fábricas pero a los productores solo ha llegado unos 100.000 sacos (Hopkins, Fedeagro, 06/2017) lo que representa el 17 %.

Entonces amigo lector, ya estamos avisados que hasta hace una semana la siembra del principal cereal de consumo nacional “el de nuestras arepas” y sin contar las pérdidas para el momento de cosecha, para el que habitúa comerse una diaria dicha siembra solo le proyecta abastecer para unos 128 días, esto es, solo para 4 meses y una semana. Lo cual en un escenario de crisis financiera que dificulta y hace tortuosas las importaciones se nos avizoran más períodos de ansiedad y hambre para todos.

Ingeniero, Dr. Ciencias Agrícolas (Unellez)

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