OPINIÓN | La hecatombe de la agricultura venezolana en el socialismo del siglo XXI, por Pedro Raúl Solórzano

Muchos analistas políticos y económicos, frecuentemente refieren que el gobierno revolucionario de Venezuela ha destruido el “aparato productivo”, por supuesto, dentro de ese aparato productivo se encuentra la agricultura.

Pedro Raúl Solórzano 

También es frecuente que al referirnos a la hecatombe de la agricultura venezolana, mencionamos que las políticas agrícolas han sido un fracaso total, y algunos más extremistas, señalamos que no han existido políticas agrícolas en estos veinte años de “revolución” porque tampoco han existido, en los niveles correspondientes, personas capacitadas para hacer esas políticas. Los funcionarios de turno lo que han hecho es decir “vamos a hacer”, “vamos a satisfacer la demanda interna de alimentos y vamos a exportar los excedentes”, “vamos a importar tantas toneladas de insumos para cubrir la demanda de los agricultores”, “vamos a invertir……”, etc, etc. Pero no hacen nada, ni harán porque no saben o porque no quieren, porque eso es parte de una venganza alimentada por odios irracionales y por envidias que corroen la posible felicidad de los gobernantes.

 

Concretamente, el socialismo del siglo XXI ha acabado con la infraestructura de apoyo a la agricultura, con la seguridad para los agricultores en el campo y con la seguridad jurídica de sus propiedades y otros bienes; ha acabado con la maquinaria y equipos al negar recursos para su renovación y repotenciación. En relación a los recursos suelo y agua, ha contribuido a la destrucción de zonas tan vulnerables como la Guayana, donde destruye los suelos y el paisaje, se roba las riquezas minerales y afectan cuencas hidrográficas tan importantes para la conservación del agua, y consecuentemente, para la generación de hidroelectricidad. Ha acabado con el suministro de insumos al expoliar empresas especializadas en el ramo y utilizar esta actividad como centro de corrupción. Ha acabado con los institutos de educación e investigación agrícolas. No hay extensión agrícola ni asistencia técnica de calidad para los productores. Acabó con Pdvsa y ha regalado el Esequibo. Nos ha robado la dignidad al arrodillarse ante los hermanos Castro de Cuba, y dejarlos penetrar instituciones tan delicadas como las Fuerzas Armadas, el sistema de identificación, el manejo de los puertos, registros y notarías y paremos de contar.

 

Las zonas agrícolas, especialmente aquellas que hacen frontera con Colombia, están totalmente controladas por esos movimientos irregulares, guerrilleros, de las FARC y ELN, extranjeros que mandan en nuestro territorio. No les avergüenza izar la bandera cubana en cualquier pedazo de territorio venezolano o institución pública, como cuando los conquistadores dominan al adversario y en compensación adquieren los derechos sobre las áreas y bienes conquistados. Es decir, nos han robado hasta la soberanía de nuestro territorio, que nos fuera entregado para su disfrute y desarrollo por nuestros libertadores del siglo XIX, quienes expusieron sus vidas ante los ejércitos del Imperio Español y regaron con sangre nuestras tierras.

 

Algunas veces pienso, con todo este saqueo que han hecho de nuestras riquezas, de nuestra dignidad, con esta destrucción de nuestra agricultura, solo falta que se roben también el nitrógeno del aire para que los microorganismos simbióticos, asociados y de vida libre, no puedan fijarlo al suelo y para que nuestra industria petroquímica no pueda producir fertilizantes nitrogenados. De esa manera, sin nitrógeno, las plantas no crecerán y será la ruina de los valientes agricultores que aún insisten en colaborar con la alimentación del pueblo. También, con esa habilidad que tiene el socialismo del siglo XXI para robar y acabar con todo, pudiera destruir el sol para que las plantas no puedan realizar la fotosíntesis, no haya producción primaria y podamos morir de hambre más rápidamente que en los actuales momentos. Adelante revolucionarios, con su capacidad para robar y destruir, vayan a robarse el nitrógeno del aire y a destruir el sol, que es lo único que les falta para que lleguemos a la hecatombe total de la agricultura venezolana.

 

 

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