OPINIÓN | De nombre Constituyente. Apellidos: miseria y hambre, por Werner Gutiérrez

Estamos a pocos días de ejecutarse la convocatoria a la ilegal e ilegitima Asamblea Nacional Constituyente Comunal propuesta por Nicolás Maduro. De concretarse, significaría la desaparición del sector agroproductor privado considerando que una de sus intenciones es decretar la propiedad comunal de las tierras agrícolas.

Werner Gutiérrez Ferrer

Es entonces un momento propicio para hurgar en nuestra memoria y recordar las páginas oscuras de la agricultura y ganadería nacional en estos últimos 18 años, que mermaron la capacidad del sector agroproductor y agroindustrial nacional para alimentar al pueblo venezolano.
Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro, mediante la aplicación de un modelo estatista pretendieron de manera inútil crear un estado importador, productor, transformador y distribuidor de alimentos, valiéndose de la aprobación y aplicación inconsulta y arbitraria de diversas leyes, y la expansión desmedida del aparato burocrático oficial, creando ministerios y nuevas estructuras, con la meta puesta en el 2019, año en el cual, según el Plan de la Patria 2013 – 2019, prometieron que 60, de cada 100 kilogramos de alimentos consumidos por los venezolanos, serían producidos por el aparato gubernamental.
No obstante a las pretensiones oficialistas, el fracaso de este modelo, las consecuencias negativas sobre nuestra economía y la vida diaria del venezolano, son por demás evidentes. La producción agrícola nacional ha registrado en el lapso 2008 – 2016 una caída que promedia sobre el 50 % en disminución de superficie, cantidad cosechada y en el tamaño de nuestros rebaños.

En caña de azúcar cuando la necesidad de molienda es de 15 millones de toneladas al año, la producción actual apenas es de 3 millones, sólo cubre el 20% de la demanda. En arroz, el consumo nacional es de 1,2 millones de toneladas y la producción del último año solo llegó a 450.000, lo que representa un 35% de la demanda anual. En maíz blanco, estamos produciendo 400.000 toneladas, el 25 % de la demanda interna, que es de 1.6 millones de toneladas.
Similar tendencia se registra en todos los rubros del sector agrícola vegetal y animal, lo cual ha imposibilitado al sector primario de nuestra economía en dar respuesta a las necesidades alimenticias del venezolano, máximo cuando el sector agroindustrial privado igualmente se ha visto seriamente afectado por las políticas erróneas y fracasadas de Chávez – Maduro, mostrando números alarmantes que indican que solo el 35 % de su capacidad instalada para procesar alimentos está operativa.

Una de las consecuencias más lamentables de la destrucción del sector privado nacional, es haber perdido nuestra capacidad de autoabastecernos de la casi totalidad de los rubros agrícolas, incluso, muchos de los cuales como café, arroz, frutas y hortalizas, llegamos a sostener volúmenes importantes de exportación.
La realidad que palpa el venezolano en su cotidianidad es que luego de ya casi 15 años de iniciar el gobierno las expropiaciones e invasiones de fincas, agroindustrias y cadenas de distribución de alimentos; la política de control de precios, y del régimen cambiario, así como un dominio total de las importaciones agroalimentarias, materias primas y agroinsumos, los alimentos le son cada vez más inaccesibles, al punto que el 93.3 % de los hogares tiene dificultad para alimentar a su familia, y el 82 % de nuestra población, está sumergida en pobreza.
El resultado de tan nefasto modelo económico impuesto a la nación por Chávez – Maduro ha sido un sector agrícola y agroindustrial privado menguado, que sólo logra ahora abastecer en promedio el 30% del consumo local de alimentos, cuando una década atrás, cubría el 70 %. Tenemos un estado que pretendió ser todopoderoso, y resulto ser ineficiente y corrupto en el manejo de las inmensas riquezas petroleras, sometiendo hoy a 31 millones de habitantes a una crisis jamás vivida, recibiendo en promedio apenas 433 gramos diarios de alimentos, cuando los organismos internacionales especializados establecen 2.0 kilogramos. Mientras la ingesta de lecho por año por habitante, parámetro indicador por excelencia del grado de desarrollo de los países, descendió de 130 litros a menos de 65.

Sin embargo, Nicolás Maduro, con asombroso cinismo afirma “voy a presentar una ley constitucional contra la especulación, para congelar los precios” en el marco de la Constituyente Comunal. Es evidente su intención de desconocer que nuestro pueblo enfrenta una diferencia entre los precios controlados y los precios de mercado en promedio de 6.273,7%, a pesar que desde el 2003 Hugo Chávez Frías implementó el control de precios sobre los principales rubros alimenticios, y en enero del 2014, el mismo Maduro, instaura la Ley orgánica de precios justos.
El gobierno no oculta su intención hegemónica de implementar “por vía constitucional” el modelo económico, agrícola, político y social, fracasado y retrogrado, que nos ha traído al punto más oscuro de nuestra historia, declarando incluso que las misiones tendrán a partir de la Constituyente Nacional Comunal, carácter constitucional, lo cual sin duda, representaría, que nuestro pueblo indefectiblemente estaría sometido por siempre a la miseria y el hambre. Es nuestra responsabilidad impedirlo, y conducir a Venezuela por los senderos del verdadero desarrollo, bienestar y progreso.

Ing. Agr. M. Sc. 

Exdecano de la Facultad de Agronomía de LUZ

@WernerGutierrez

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