Migrante venezolano en Perú: Sueño con volver porque el mejor lugar para invertir es el campo

Conozca la historia del ingeniero agrónomo Ricardo Romero, quien contó a Vida Agro sus anhelos y su lucha desde Lima.


Milagros Palomares
Reinvetarse. Resistir y seguir amando el campo ha sido la clave para las cinco generaciones de agricultores de la familia Romero, que desde el páramo de Timotes, en el estado Mérida, es un ejemplo de superación para los productores que aún apuestan por nuestra tierra.
Hace dos semanas recolectaron la más reciente cosecha de papas variedad granola, casi un milagro en uno de los momentos más críticos del agro en Venezuela.


Los Romero continúan unidos por el campo, a pesar de que el mayor de sus hijos se vio obligado a emigrar a Perú debido a la difícil situación económica que mermó sus ingresos en los últimos años.
Ricardo Romero tiene 24 años, es ingeniero agrónomo, egresado de la Universidad Santiago Mariño, y desde el 29 de agosto de 2018 emprendió un nuevo rumbo desde Lima.
Afectado por la hiperinflación de Venezuela, que ronda el 10.000%, la escasez de insumos agrícolas y altos precios, hace un año Ricardo colgó sus botas de caucho y decidió irse de su amado páramo de Timotes, donde las tierras son tan fértiles que se pueden cultivar más de 60 tipos de hortalizas.

“Timotes hoy dejo mis botas y mi sombrero. Siempre llevo el campo venezolano presente, mi pasión siempre será en la huerta, el único lugar donde se es libre”, escribió el merideño en su cuenta Instagram.
Como los más de cuatro millones de venezolanos que han emigrado en los últimos cuatro años, Ricardo empacó su maleta y viajó por tierra desde Mérida hasta la frontera de Cúcuta, luego atravesó Colombia y llegó a Quito para finalmente asentarse en la capital de Perú.
“Cuando mi familia tiene señal telefónica mantengo seguimiento de los cultivos de nuestra finca. Los asesoro y trato en lo posible de ayudarlos aunque esté lejos”, contó Romero a Vida Agro.

Ser productor de alimentos en Venezuela representa un acto de heroísmo. “Mis padres no se detienen en las siembras, yo sigo pensando en mi tierra y la única razón por la que estoy fuera del país es para tener una base sólida de financiamiento. Sueño con volver a Timotes, después de un tiempo sigo viendo que el mejor lugar para invertir es el campo venezolano”.
La rotación de cereales y leguminosas (caraotas, arvejas, maíz, trigo, espárragos y papa) ha sido una estrategia que han empleado los Romero para mejorar los suelos ante los costos dolarizados de los fertilizantes.
“Actualmente se trabaja con rubros que se puedan manejar para defender el precio, ya que muchos comerciantes tienen poco capital y se corren muchos riesgos en la venta. Si se compra abono queda poca ganancia, el método más rápido es trabajar con cereales y toda la materia vegetal se descompone en el terreno”, detalla desde Lima.
“Estamos preocupados para volver a sembrar porque sabemos que sin abono granulado no se levanta una cosecha, debido a que todos los terrenos están agotados, y el complemento de nutrientes es fundamental”, añadió Ricardo a la vez que mantiene la esperanza de regresar a su finca en Timotes.

Mientras tanto, el merideño trabaja en un restaurante en Lima, y espera por una oportunidad laboral para ejercer su profesión como ingeniero agrónomo o participar en algún proyecto agrícola.

Este joven forma parte de la nueva generación de inmigrantes que lucha y que volverá, en un tiempo no muy lejano, para reconstruir el campo en Venezuela.

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