Lo que debes saber sobre el pH del suelo, por Pedro Raúl Solórzano

Todos los análisis de suelos con fines de fertilidad reportan los valores de pH, lo cual asemejo a los reportes de temperatura cuando los pacientes, especialmente niños, visitan a su médico y éste le dice a su asistente en el consultorio: por favor el termómetro para medir la temperatura.Es decir, es lo primero que evalúan, ya que valores fuera de lo normal pueden indicar que algo anda mal en la salud del paciente.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Lo mismo ocurre con las muestras de suelo, al comenzar a procesarlas en el laboratorio lo primero que se determina es el pH, en parte porque la metodología es muy fácil y en parte porque sus valores pueden indicar alguna anomalía, que amerite una evaluación más amplia que lo esperado por un análisis de rutina.

 

En los suelos hay diferentes factores que pueden ejercer control sobre la disponibilidad de los nutrientes para las plantas, uno de ellos es el pH,  cuyas variaciones controlan parcialmente algunas características físicas, biológicas y químicas de los suelos. Por ejemplo, si el pH es muy alto, digamos >8,5, se puede sospechar que hay un exceso de sodio intercambiable, condición que puede causar deterioro de las propiedades físicas al promover dispersión de las partículas del suelo, destrucción de la estructura, disminución del espacio poroso, pobre aireación, etc. A valores de pH extremos, tanto condiciones de elevada acidez como de alcalinidad, se afecta la vida del suelo, ya que muchos microorganismos beneficiosos disminuyen sus poblaciones y su actividad; se pueden citar los casos de las bacterias fijadoras de nitrógeno (Rhizobium) o de las bacterias nitrificantes (Nitrosomonas y Nitrobacter), destacándose que con una pobre actividad de estas últimas se promueve acumulación de amonio en el sistema, que pudiera llegar a niveles de toxicidad.

 

En relación al efecto de las variaciones de pH sobre las propiedades químicas, son notorios los cambios en la disponibilidad de los nutrientes esenciales, cuya solubilidad aumenta o disminuye según el pH del suelo sea de tendencia neutra, ácida o alcalina. En general, se considera que la mayoría de los nutrientes, si están presentes en el suelo, pueden tener una adecuada disponibilidad para las plantas cuando el pH oscila entre 5,5 y 7,0; a valores mayores o menores que este rango, pueden ocurrir excesos o insuficiencia de los nutrientes. Veamos algunas situaciones posibles:

 

-El pH del suelo es <5,5: los micronutrientes catiónicos Fe, Mn, Zn y Cu, junto con el boro aumentan su solubilidad y su disponibilidad para las plantas. Sin embargo, esto que parece una ventaja puede tener efectos negativos ya que los valores de algunos, especialmente Fe y Mn por su abundancia en la naturaleza, alcanzarían concentraciones tan altas que causarían problemas de toxicidad. La solución, si esto ocurriera, es encalar los suelos y elevar el pH a valores >5,5. En estos suelos ácidos, a menos que sean muy pobres por naturaleza (el caso de las sabanas orientales y muchos suelos orgánicos, por ejemplo), es difícil que ocurran deficiencias de estos micronutrientes.

 

En el caso del molibdeno, cuando el pH del suelo es <5,5, disminuye su solubilidad llegando a niveles de insuficiencia. Si en el suelo existe suficiente Mo, al encalar el suelo y llevar el pH a valores >5,5, los compuestos de molibdeno se transforman en otros de mayor solubilidad y se elevan sus valores a niveles de suficiencia para las plantas.

 

En relación a los macronutrientes, en condiciones de acidez los niveles de Ca, Mg y K, que son cationes básicos, son muy bajos, ya que el complejo de intercambio catiónico de los suelos ácidos está ocupado mayormente por H y Al, por lo que tienen bajo % de saturación con bases. En estas condiciones, el encalado permite aumentar el pH y los niveles de Ca y Mg (si se aplica caliza dolomítica), y puede ser necesario aplicar fertilizantes potásicos para elevar los niveles de K aprovechable.

 

El fósforo en suelos ácidos tiende a disminuir su solubilidad al reaccionar con compuestos de Fe y Al predominantes en estas condiciones, formando fosfatos de hierro o P ligado al Fe (Fe-P) y fosfatos de aluminio o P ligado al Al (Al-P), de baja solubilidad. Bajo estas condiciones de acidez, los suelos generalmente tienen una alta capacidad de fijación de P, lo cual se soluciona encalando los suelos y luego aplicando fertilizantes fosfatados para elevar los niveles de P aprovechable. Un buen encalado permite la formación de fosfato monocálcico [Ca(H2PO4)2] que es un fósforo ligado al Ca (Ca-P) soluble en agua.

 

-El pH del suelo es >7,0: bajo estas condiciones los micronutrientes Fe, Mn, Zn, Cu y B disminuyen su solubilidad y pueden presentarse problemas de insuficiencia en su suministro a las plantas. Por lo tanto, si un suelo es de tendencia alcalina y no se reportan los niveles de estos micronutrientes, se puede presumir la ocurrencia de alguna insuficiencia de estos elementos, por lo que sería aconsejable hacer aplicaciones de ellos. Si los aplicamos al suelo van a tener la tendencia a insolubilizarse al reaccionar con los componentes del suelo, por lo que es más eficiente aplicarlos directamente al follaje de las plantas en aspersiones. En la actualidad, en el mercado hay muchos fertilizantes a base de micronutrientes para aplicación foliar, de excelente calidad y de comprobada eficiencia en la nutrición vegetal.

 

El fósforo es muy interesante en su comportamiento ante las variaciones del pH del suelo, ya que al igual que en condiciones de acidez, cuando el pH es de tendencia alcalina también tiende a insolubilizarse. En el caso de pH superior a 7,0, ocurre formación de fosfatos de calcio de baja solubilidad, fosfato dicálcico (CaHPO4) hasta llegar a la formación de fosfato tricálcico [Ca3(PO4)2] que es insoluble en agua.

 

Los suelos de tendencia alcalina tienen alto porcentaje de saturación con bases y prácticamente no hay presencia de H y Al intercambiables. En estas condiciones, los problemas que pudieran ocurrir serían derivados de las relaciones catiónicas. Quizás la más importante de estas relaciones es la de Ca/Mg, expresados como cationes intercambiables, la cual se considera que debe estar entre 2 y 7, para que la mayoría de las plantas puedan disponer de cantidades adecuadas de estos dos nutrientes. Esto se debe a que ocurren interacciones negativas cuando los excesos de Ca impiden que se realice una suficiente absorción de Mg, es decir, cuando la relación Ca/Mg es >7. Por el contrario, cuando la relación Ca/Mg es <2 se considera que existe exceso de Mg intercambiable, lo cual interfiere con la absorción de Ca por parte de las plantas.

 

Cuando el pH se eleva muy por encima de 7,0, digamos >8,5, es posible que el sodio (Na+) sea muy abundante, y cuando sobrepasa 15% de Na en el complejo de intercambio, podemos estar en presencia de un suelo sódico que tendría pobres condiciones físicas, con relaciones suelo:agua:aire muy desfavorables, ya que hay tendencia a destrucción de la estructura y disminución del espacio poroso total, el cual es asiento de las fases líquida y gaseosa del suelo.

 

-El pH del suelo está entre 5,5 y 7,0: existen las mejores condiciones para el aprovechamiento, por parte de las plantas, de la mayoría de los nutrientes esenciales. Algunos autores establecen este rango favorable entre 6,0 y 7,0, otros entre 6,5 y 7,0, otros entre 5,5 y 6,5, y en este caso lo hemos señalado  entre 5,5 y 7,0. Lo importante es saber que cuando los suelos tienden hacia la neutralidad, existen las mejores condiciones para el aprovechamiento de los nutrientes por parte de las plantas, y que tanto en condiciones de acidez o de alcalinidad pueden existir bajas concentraciones de algunos elementos presentándose insuficiencia en su suministro; o pueden existir muy elevadas concentraciones de algunos elementos que obstaculicen el aprovechamiento de otros nutrientes por efectos de situaciones antagónicas, o simplemente pueden causar efecto tóxico porque las plantas lleguen a acumular excesos de los mismos.

 

Como colofón podemos señalar, que conocer el pH del suelo es muy importante ya que puede indicar muchas condiciones indeseables en cuanto a la fertilidad física, química y biológica de los suelos, siendo especialmente significativo el efecto que puede tener sobre el aprovechamiento de los nutrientes esenciales por parte de las plantas. Siempre señalo dos ejemplos muy didácticos en este sentido. Primero, cuando un cultivo presenta síntomas de deficiencia que afectan los puntos de crecimiento y hasta pueden morir, se asemeja a deficiencia de Ca o de B, pero si el pH del suelo es de tendencia alcalina lo más probable es que sea deficiencia de boro y si es de tendencia ácida lo más probable es que sea deficiencia de Ca. El segundo ejemplo es cuando el pH del suelo es alcalino y no tenemos análisis de micronutrientes, la primera presunción es que pueden existir niveles muy bajos de Fe, Mn, Zn, Cu o B, por lo que debe considerarse su aplicación preferiblemente en aspersiones foliares.

 

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

 

Profesor jubilado. Consultor agrícola

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

 

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