Las vacas juegan al escondite

Una granjera británica describe en un libro su relación de años con las reses y sus peculiares comportamientos.

Redacción Vida Agro

Cuando usted ve un campo lleno de plácidas vacas pastando o mirando a las nubes puede que no distinga una de otra, que le parezcan todas iguales, simples rumiantes que espantan moscas con la cola. La británica Rosamund Young, de 68 años, ve en cada vaca un individuo con su propia personalidad, nombre, manías, líos familiares y hasta su juego favorito, reseña un artículo especial de El País de España

Las vacas, ha observado Young, pueden ser tremendamente inteligentes o terriblemente estúpidas. Como los humanos.

De tanto mirarlas y cuidarlas y comunicarse con ellas, Young reunió cientos de anécdotas que ahora ha recopilado con humor y ternura en un libro, La vida secreta de las vacas (Seix Barral). ¿Cómo se comunica con ellas? “Les hablo”, dice Young, “siempre he sentido que reconocen mi voz, pero cada vez noto más que saben quien soy cuando no digo nada”. En compensación, ella sabe diferenciar diferentes tipos de mugido: no es lo mismo el enfado de perder de vista a un ternero (como le sucedió a la vaca Araminta) que el aburrimiento, el hambre o el dolor.

En su relato, Young cuenta sus aventuras con algunos de sus animales, bautizados como Fat Hat, Bonnet, Bombón, Arzobispo de Durham o Popette: hasta ha realizado un árbol genealógico de sus vacas. “Pero no sabría decir cuál es mi favorita, yo solo trato de hacerlas felices y de que entablen relaciones entre ellas. Esto no es como tener un perro: si yo me muriera de repente no me echarían en falta… y eso estaría bien”.

Estas vacas viven un sinfín de aventuras, al menos para su vida vacuna: comen, tienen crías, se pierden por el campo o se pelean. Pasan duelos por sus seres queridos (sufren más cuando muere una hija que una madre) que superan comunicándose con otros miembros de la familia y comiendo de forma suculenta. Al toro Jake, por ejemplo, le encanta oler el monóxido de carbono de los tubos de escape. La vaca Amelia tenía la capacidad de reconocer el coche rojo del hermano de Young y salía siempre a recibirlo, muy educadamente.

A la vaca Alice le gustaba jugar al escondite: a veces, se ponía a trotar hasta perderse de la vista de Young. Cuando la granjera la encontraba, Alice estaba tratando de esconderse detrás de un nogal que, pobrecita, apenas la cubría. Cuando era descubierta corría a esconderse tras otro, con el mismo cómico resultado: una vaca es mucho para un árbol.

Young también ha observado cómo buscan sus propios fármacos: zarzamoras, brotes y hojas de espino blanco, fresno y sauce. Tomillo o acedera silvestre. Aunque el asunto de la automedicación en animales es controversia entre la comunidad científica, Young asegura, en base a sus observaciones, que ocurre con frecuencia.

El testimonio de esta granjera es, además, un alegato en favor de este tipo de ganadería. “La ganadería intensiva o industrial trabaja a corto plazo, trata de vencer a la naturaleza en vez de observar y trabajar con la naturaleza”, dice la granjera. “No se trata de elegir entre producción de comida y biodiversidad: tienen que ser ambas opciones al mismo tiempo”.

En Kite’s Next producen carne de ternera y de cordero de sus animales, los sacrifican y venden en la propia granja. Porque Young no es vegetariana. “Creo que lo más saludable para mí es incluir carne en mi dieta”, explica, “eso sí, los Gobiernos y los productores tienen que asegurar productos sanos, sin grandes cantidades de productos químicos. El gran reto es minimizar el sufrimiento de los animales”.

¿Qué ha aprendido después de tantos años conviviendo con las vacas? “He aprendido que cada vaca de un rebaño es un individuo y que, por extensión, cada criatura en este planeta es también un individuo”.

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