La caña de azúcar, el cultivo dulce de Venezuela, por Pedro Raúl Solórzano

Recientemente se ha estado divulgando por los medios de comunicación del país, la situación del cultivo de la caña de azúcar, posiblemente por ser tiempo de zafra y porque la expectativa de la producción está muy por debajo de las necesidades de la población, por lo que será imperativo la importación de al menos 70% de los requerimientos internos de azúcar.

Pedro Raúl Solórzano

Esta escasez ocurre quizás porque los centrales azucareros se encuentran en un acelerado deterioro de sus instalaciones, quizás porque los recursos para ampliar la siembra y concomitantemente la oferta de caña no están disponibles, o quizás por tantos obstáculos que tienen que ser salvados por los agricultores para poder trabajar sus campos de manera eficiente y segura.

Por esa actualidad en relación a este cultivo, he considerado oportuno utilizar algunas inquietudes escritas con anterioridad y reunirlas en este artículo. La caña de azúcar (Saccharum officinarum) viene a ser prácticamente la única materia prima para la producción de azúcar en el país, razón por la cual tiene una gran tradición en el ambiente agrícola venezolano, donde por muchos años, ha ocupado inmensas extensiones de terreno. A todos quienes hemos tenido la fortuna de viajar por nuestro territorio, al paso por los Valles de Aragua, por los del Río Turbio o por los valles yaracuyanos, nos ha quedado grabado en la mente los cañamelares en flor durante los meses finales del año, porque cuando los días se hacen más cortos se induce la floración de esta dulce planta, y brotan de sus tallos blanquecinas flores que cubren los campos semejando el resultado de una nevada pasajera. Aunque esas siembras han mermado hasta niveles muy bajos, pueden ser recuperadas en el corto y mediano plazos, para volver a florecer en estos valles de fértiles suelos y con productores especializados en este cultivo.

También, resultado de esa tradición, hemos desarrollado una amplia infraestructura para el procesamiento de la caña, representada por los centrales azucareros que se encuentran repartidos en casi todo el territorio nacional, desde Sucre hasta el Zulia, en Táchira lindando con la frontera colombiana, en Trujillo, y con una alta concentración de estas instalaciones en los estados centrales del país, y en Lara, Yaracuy, Portuguesa y Barinas. Sin embargo, hoy muchas de esas instalaciones han sido expropiadas por el gobierno, están deteriorándose rápidamente por inactividad y, los que aún funcionan, trabajan por debajo de sus capacidades instaladas, debido principalmente a la falta de materia prima para procesar, motivado en gran parte a la falta de estímulos para la siembra de este importante cultivo.

La caña de azúcar debe producirse con riego para asegurar buenos rendimientos; por lo tanto, para ampliar la superficie sembrada una opción sería la recuperación de la infraestructura de algunos sistemas de riego del país, lo cual se inició a mediados de los años noventa con la intención de otorgar a los productores organizados la administración, operación y mantenimiento de estas grandes obras que pertenecen al estado venezolano. Esa acción no fue continuada pero puede ser reiniciada, ya que existen los proyectos para algunos sistemas de riego y lo que faltaría sería ejecutarlos. Otra opción sería, que en aquellos sitios donde el suministro de agua es limitado y se dispone de acuíferos abundantes y de buena calidad para riego, se adelanten programas para la perforación y equipamiento de pozos.

Disponiendo de suficiente superficie acondicionada para la siembra de caña de azúcar, se tienen que organizar programas de producción comercial, en los cuales se tenga la seguridad de disponer de los recursos necesarios (maquinarias y equipos agrícolas, vialidad agrícola en buenas condiciones, semillas, fertilizantes, plaguicidas, entre otros) para llevar las siembras a feliz término, incluyendo definición de precios del producto que permitan que los agricultores obtengan un margen aceptable de beneficios por su actividad, y que el producto final pueda llegar a los consumidores a un precio razonable. Paralelamente, los centrales azucareros del país deben ser recuperados y acondicionados para la molienda de esa nueva cantidad de materia prima que producirán nuestros campos.

Para los programas de producción comercial, se deben organizar las siembras de tal manera que la caña vaya destinada a específicas y cercanas plantas receptoras según su capacidad, para evitar fletes muy alejados que encarezcan el producto. Así mismo, eso evita que se arrime excesiva cantidad de caña a algunos centrales y muy poca a otros.

Recordemos que:

Del sacaroso jugo de la caña
se cristalizan:
la panela, el papelón,
la morena y la blanca sacarinas
que al paladar endulzan
con su melífero sabor;
además se destilan:
el aguardiente claro
y el ambarino ron,
que a los sentidos enardecen
y, momentáneamente,
nuestras vidas enloquecen.

Recordemos también que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

pedroraulsolorzano@yahoo.com

pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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