Especial NYT: Una carrera por la sobrevivencia en Venezuela

El estrés y los costos golpean con más fuerza a la gente de menos recursos; las posibilidades de supervivencia se miden en centavos de dólar.

Redacción Vida Agro

Los venezolanos de todas las clases socioeconómicas han sufrido graves cambios en sus vidas debido a los elevados costos que persisten entre una profunda escasez de alimentos y medicinas, el colapso de servicios públicos y el sistema de salud, y el crimen rampante. Mientras tanto, el poder adquisitivo ha caído en picada, pues el aumento de los salarios reales ha quedado muy rezagado en relación con los precios, reseñó el diario estadounidense The New York Times.

No obstante, costear las cosas apenas es uno de los muchos desafíos; otro es encontrar la manera para poder pagarlas. El bolívar escasea y encontrar un puñado de billetes se ha vuelto una de las pesadillas diarias. La gente se ve obligada a soportar largas filas en los cajeros automáticos para sacar cantidades que, máximo, equivalen a unos diez centavos de dólar: lo mínimo para poder comprar un pasaje de ida y vuelta en el transporte público.

Muchos venezolanos comparan la situación del país con la de algunas naciones que están en guerra a pesar de que el deterioro no es tan dramático y fuerte. Aunque de lejos Caracas parece una capital de un país cualquiera en vías de desarrollo, con personas yendo al trabajo y llena de tráfico vehícular, de cerca, la realidad es otra y se siente en sus comercios.

l gobierno dejó de publicar los datos mensuales de inflación, lo que trajo como consecuencia que la Asamblea Nacional publicara un índice de variación de los precios por su cuenta que toma como referencia los valores  de  economistas privados. Para octubre, llegó a 45,5%, lo que coloca a Venezuela a un paso de entrar en un proceso hiperinflacionario.

El estrés y los costos golpean con más fuerza a la gente de menos recursos; las posibilidades de supervivencia se miden en centavos de dólar.

Beatriz, de 53 años, trabajó durante dos décadas como enfermera en Caracas, un trabajo que le fascinaba. A pesar de que ganaba apenas un poco más del salario mínimo, era lo suficiente para que ella y sus cinco hijos llegaran a fin de mes.

“La comida nunca fue un problema”, comentó Beatriz, quien, como muchas de las personas que fueron entrevistadas para este artículo, solicitó que no se usara su apellido por temor a represalias del gobierno como consecuencia de sus críticas sobre la situación económica.

Hace varios años, Beatriz fue despedida de su empleo cuando empeoró la economía. Encontró trabajo en el personal de limpieza de una empresa internacional de publicidad con sede en Caracas con lo que gana más o menos lo mismo que cuando era enfermera. Pero ya no le alcanza para cubrir las necesidades básicas de su casa pese a que en el hogar ya solo hay tres personas: ella, uno de sus hijos y su madre enferma de 76 años, quien padece hipertensión.

“Debemos escoger entre las medicinas y la comida”, dijo Beatriz.

Lea más en The New York Times

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