ARTÍCULO |Calidad de tierras en Venezuela y sus posibilidades de uso, por  Pedro Raúl Solórzano

El conocimiento de los suelos y las condiciones climáticas de las diversas regiones del país, constituye una información básica para apreciar las potencialidades y limitaciones de nuestra geografía para la producción agrícola.

Pedro Raúl Solórzano

En este sentido, en 1970, COPLANARH basado en los estudios de suelos realizados en el país para la fecha, señala que solo el 2% del territorio nacional corresponde a tierras sin mayores limitaciones para la actividad agrícola, lo cual equivale aproximadamente a 1.800.000 ha, parte de las cuales han sido ocupadas por desarrollos urbanos, viales, industriales, etc. Igualmente, indican que un 10% de nuestras tierras pueden dedicarse a la agricultura superando severas limitaciones; aproximadamente 44% de las tierras son aptas para la producción de pastos y bosques sin restricciones, y alrededor de 2% son tierras de muy pobre calidad por problemas extremos de mal drenaje y salinidad.

Posteriormente, en 1978, Comerma y Paredes analizan las principales limitaciones y potencialidades de las tierras en Venezuela sobre la base de sus aspectos físico-naturales, encontrando que alrededor de un 4% de la superficie del país tiene limitaciones por aridez y está ubicada fundamentalmente en planicies o sistemas de colinas de la Costa Norte de Venezuela. Un 18% tiene limitaciones de drenaje y su ubicación predominante es en las grandes planicies aluviales como las del Sur del Lago de Maracaibo, los Llanos Centrales y Occidentales, y el Delta del Orinoco. Un 32% de la superficie nacional es señalada con limitante prioritaria de baja fertilidad, concentrada principalmente en los Llanos Centrales y Orientales, así como en el Sur del país. La limitante por excesivo relieve ocupa un 44% comprendiendo los dos ramales de la Cordillera Andina, la Cordillera de la Costa y la región montañosa del Sur de Venezuela.

Finalmente, los autores señalan que un 2% de la superficie venezolana puede ser considerada sin limitantes para uso agrícola. Los mismos autores hacen una prospección del uso de la tierra, indicando que aplicando tecnologías ya probadas por investigadores y agricultores avanzados, existe un 4% de áreas con amplia gama de uso agrícola; un 14% con una limitada gama; un 30% fundamentalmente para uso ganadero; un 41% para bosques, recreación, reservas hidráulicas, etc.; y un 11% que posee una asociación de áreas con limitada gama de uso agrícola y zonas limitadas a bosques y recreación.

En la actualidad, con nuevas tecnologías que se han aplicado a la producción agrícola, quizás se pueda señalar que disponemos de un 5% de áreas con amplia gama de uso agrícola y 15% con una limitada gama, lo que representaría un 20% del territorio que se pudiera utilizar en la producción de cultivos sin incluir pastizales. Ese porcentaje representa unos 18 millones de hectáreas que se pueden dedicar a la producción de cultivos extensivos como maíz, sorgo granífero, soya, arroz, algodón, frutales, leguminosas de grano, hortalizas, caña de azúcar, palma aceitera, girasol, papa, yuca, etc.

En aquellas áreas donde se pueda regar (por ejemplo caña de azúcar, arroz y hortalizas) o sembrar un segundo cultivo en lo que se conoce como ciclos de norte o de norte verano (por ejemplo frijol, algo de soya, girasol, algo de sorgo granífero), la superficie se duplicaría en esas áreas, y estaríamos llegando quizás a unos 22 millones de hectáreas. Esa gran superficie estaría repartida por diferentes regiones del país y sería suficiente para cubrir los requerimientos alimenticios de nuestra población, y hasta para producir excedentes exportables.

Para la ubicación de los cultivos en determinados lugares, se debe realizar una evaluación de cada sistema suelo-planta-clima, y con ello seleccionar la especie más adecuada, los mejores cultivares para ese sistema, las fechas de siembra, los programas de fertilización, y otros factores que influyan en las prácticas agronómicas que se deban aplicar.

En la prospección del uso de la tierra, Comerma y Paredes delimitan un 30% del territorio nacional para ganadería. Esto representa más de 27 millones de hectáreas para establecer pastizales, mejorar los pastizales naturales, lo cual puede albergar millones de cabezas de ganado para la producción de carne, leche y sus derivados, tanto de bovinos como de ovinos y caprinos. Porcinos, aves y otras especies menores como conejos, se benefician de la producción de granos forrajeros que van a las fincas o a las fábricas de alimentos balanceados.

El caso de chivos se pudieran ubicar en las regiones áridas del país, con el suministro adicional de algunos insumos básicos para su desarrollo.

El café puede ocupar áreas que se consideran limitadas para la agricultura por elevadas pendientes, pero en este caso, el café es un cultivo conservacionista que se debe sembrar tomando en cuenta todas las recomendaciones para evitar los riesgos de erosión y destrucción de los suelos y del paisaje. Las áreas que se han delimitado para bosques, recreación y reservas hidráulicas, deben ser protegidas y asegurar que no sean intervenidas indiscriminadamente.

En conclusión, Venezuela dispone de más de 50 millones de hectáreas para la producción de alimentos, lo que representa más de la mitad del territorio nacional. Pero este recurso debe ser utilizado con la aplicación de ciencia y tecnologías adecuadas, para poder explotarlo, mejorarlo y a la vez conservarlo en el tiempo infinito.

Un primer paso debería ser recolectar todos los estudios de suelos del país y evaluar la necesidad de nuevos estudios, para disponer de la información básica que permita el uso correcto de este recurso. Otro paso, fundamental, es disponer en las instancias gubernamentales de profesionales capacitados que puedan entender este reto y se puedan dictar las pautas para el logro de los objetivos. Otro paso es convocar y comprometer a los productores agrícolas y a las industrias productoras y distribuidoras de insumos, procesadoras de alimentos y de otros ramos que formen parte del sector agroalimentario.

Sin fertilizantes es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

pedroraulsolorzano@yahoo.com

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